El viaje a Puebla, para ir al Observatorio de Tonanzintla fue una de las experiencias más gratificantes y ricas que he tenido en mi vida. Como físico sé lo que significa hacer ciencia, pero es claro que ver trabajar a los astrónomos directamente en su medio ambiente es algo muy interesante. El primer día visitamos el observatorio, que consta de varios telescopios, uno de 1872, otro de 1942 y el último circa el año 1960. Todos, desde luego, cuentan con montura ecuatorial (que permite mover el telescopio a las coordenadas que uno desee en la bóveda celeste para localizar una estrella o planeta en particular. En el caso del primer telescopio, el cual creo denominan "La Carta del Cielo" (véase la primera imagen), el observatorio en donde se encuentra situado es chico y además, la semiesfera (típica de los observatorios), se abre y cierra a mano, es decir, no tiene motores para hacer estos movimientos. Todo se ve de manera artesanal y me parece que este telescopio realmente no se usa para hacer ninguna investigación. De hecho, prácticamente los telescopios que trabajan con luz visible (una fracción del amplio espectro electromagnético), están cayendo en el desuso, si es que no cayeron ya hace mucho, porque la contaminación por luz de las ciudades, por ejemplo, hacen cada vez más difíciles las observaciones. De ahí que el Hubble esté en el espacio, en donde no tiene ese elemento al escudriñar el derredor. He aquí unas cuantas fotos de este telescopio en particular:
Kelly moviendo la semiesfera a la posición correcta para que así el telescopio tenga su ventana para mirar al cielo (nótese que el mecanismo es una cuerda con nudos en una especie de rueda dentada).
Kelly abriendo la ventana hacia el exterior (también manualmente)
Parte del mecanismo de engranes de la montura ecuatorial
El telescopio de 1872
Pepe Gordon y un servidor esperando para grabar mi sección, parados sobre la montura ecuatorial (rifándonos el físico)...
Kelly posando después de su ardua labor para abrir la cúpula del observatorioDesde luego hay otros telescopios, que se usan para otras funciones, por ejemplo, estudiar al sol. Así que nos desplazamos a ver dicho aparato en donde además, se haría una entrevista con un reconocido físico, que resultó ser el Dr. Francisco Soto, el champiñón, ¡mi asesor de la tesis de licenciatura! He aquí algunas fotos de este episodio:
Aunque este es otro telescopio solar (en la azotea), y no es el que está donde se hizo la entrevista con el Champi, se muestra para que se note la cantidad de equipo para observación que tiene Tonanzintla.
Aquí se ve a Pepe Gordon (de espaldas) con el Champiñón, momentos antes de la entrevista. Al fondo está el telescopio solar. Cabe señalar una interesante anécdota, la cual aparece en una pequeña placa, puesta en un lugar del telescopio. Resulta que Luis Enrique Erro (cuyo planetario del Politécnico lleva su nombre), era artillero y había perdido parte de su audición debido a este asunto. Así, el General Lázaro Cárdenas le dio dinero para que se fuese a Europa a comprar un artefacto para mejorar su audición (año 1937). Pero Erro no compró dicho aparatito, sino que se gastó el dinero en el telescopio que vemos (el cual compró usado). Aunque no se nos dio la fecha de la creación de ese telescopio, se asume que se hizo a principios de los años 1900 por una compañía alemana.
El Champi y un servidor en la foto del recuerdo.Desafortunadamente tengo pocas imágenes de esta parte, porque mi cámara no tiene mucha luminosidad y oscurece demasiado las fotos en donde hay poca luz. Sin embargo, debe decirse que los astrónomos de Tonanzintla nos permitieron hacer varias observaciones, entre ellas la de Saturno, que francamente fue espectacular. Se vieron constelaciones, cúmulos, etc., a pesar que las condiciones no eran las idóneas (mucha gente en donde está el telescopio, lo cual genera cierto calor y perturbaciones en el medio ambiente, aunque suene exagerado).
En el siguiente artículo platicaré la experiencia de ir al día siguiente, al GTM (Gran Telescopio Milimétrico), el cual está a 4600 m. de altura sobre el nivel del mar. Una visita que fue muy impresionante y que además, fuimos privilegiados, pues tuvimos acceso a prácticamente todo (excepto, pararnos en la gran parábola del radio telescopio).























